[OPINION] “Cumplir como un mediocre”

Mas allá de no haber logrado descontaminar la Bahia de Guanabara, Brasil recibe los juegos olímpicos con inseguridad, el virus del Zika y una crisis política que tiene en un hilo la presidencia de Dilma Rousseff

Por Lucía Navarro  

Con mantener la boca cerrada y los ojos protegidos, los deportistas que competirán en remo y vela durante los Río 2016, trataran de no contraer el rotavirus que vive y reina en las aguas de la contaminada Bahia de Guanabara.  La zona, situada en el área de Río de Janeiro, es reconocida por algunos ambientalistas, médicos y biólogos como “una alberca gigante en la que abunda la materia fecal, basura, plástico y otros desperdicios”.

Cuando Brasil gano la sede de la justa deportiva, el gobierno se comprometió a limpiar la bahia, pero los mas de 760 millones de dólares con los que contaron para limpiarla no fueron suficientes.  Y el Secretario de Ambiente de Rio de Janeiro, Andre Correa, lo reconoció hace unos días ante medios del hemisferio sur.  Hacía falta el doble del dinero para haber logrado el compromiso, por lo menos hasta niveles aceptados.

Los agentes patógenos detectados en el agua alcanzan niveles de hasta 1.7 millones mas alto de lo normal por lo que está de más decirle qué puede causarle a cualquiera que entre en contacto con el agua, beba un poco y hasta entre en contacto con la arena: desde una diarrea hasta la muerte, en casos extremos.   De la Bahía se dice es “un enorme vertedero de basura y deshechos humanos”.

Pero esta situación no es la única que preocupa hoy a las delegaciones deportivas. Algunas partes de la Villa Olimpica -donde se hospedan los atletas, todavía presentan contratiempos, incluyendo problemas en el sistema de drenaje.

El incremento en el indice de violencia en el país es otro tema por demás delicado.  No solo por el alza reciente en el indice de criminalidad, sino por la posibilidad de que un atentado terrorista ocurra durante los eventos.    Se sabe que las autoridades brasileñas cuentan con 85 mil efectivos judiciales y militares para vigilar la seguridad, sobre todo después del reciente arresto de mas de una decena de personas, bajo sospecha de planear atentados terroristas.

Brasil recibirá a unos 500 mil visitantes durante los Juegos Olímpicos, quienes potencialmente estarán expuestos al mosquito transmisor del Zika. La enfermedad ha logrado extenderse a mas de medio centenar de países y que ya ha dejado secuelas de por vida en decenas de bebes.

Encima de esto, Brasil celebrará una olimpiadas en medio de una crisis política como pocas se han visto en latinoamérica.  Con Dilma Rousseff suspendida de su cargo como Presidenta bajo sospechas de haber “maquillado” los estados financieros públicos, presuntamente para obtener una ventaja en las elecciones que la llevaron a su actual segundo mandato.

Como si eso no fuera poco, el nombre del presidente interino, el Vicepresidente Michel Temer, es citado en otras acciones de presunta corrupta que, desde su nombramiento temporal han generado un gobierno temporal inestable.  Y como cereza del pastel, el ex presidente Luiz Ignazio Lula DaSilva imputado formalmente en delitos de corrupción.

Es una lástima que, estos aspectos poco deseables en Brasil, pudieran quitarle la atención que merecen los deportistas.  Después de por lo menos cuatro años de entrenamientos se esperaría que fueran ellos el centro de atención en los juegos deportivos más importantes del mundo.   Pero tristemente los riesgos a la salud pública, a la integridad física de quienes estén en Brasil y el futuro político del país pone en riesgo el importante momento de gloria por el que los atletas se han preparado durante años.